Capitulo dos

II.

Con la llegada de la primavera, la casa de su familia se volvía más y más agitada. Sus padres sonreían muchísimo más, los sirvientes se veían cada vez más agitados y emocionados.

Pero sobre todo, su hermana, Lydia Standford, se notaba diferente. Quizás más radiante. Quizás más extraña.

A Rossette Stanford, le tomó algo comprender que no se trataba de la primavera lo que hacía que su familia se viera tan alegre –incluso su padre tarareaba canciones, cuando pensaba que nadie lo observaba- Si no de un hombre que había puesto sus ojos en su querida hermana mayor.

–¿Quién es? ¿Te ha besado ya?

Lydia, quien en esos momentos estaba cepillando su largo cabello rubio –un ritual que acostumbraba a repetir todas las noches antes de ir a dormir- había abierto sus ojos color verde esmeralda, brillante por la sorpresa, y clavó la vista en ella.

–¡Rose! ¿De dónde sacas esas cosas? –Exclamó con expresión mortificada, dejando el cepillo de lado y levantándose de la butaca.

Rossette dejó de saltar en la cama de su hermana y se acomodó de manera que pudieran quedar frente a frente. Jugó con los bordes de su camisón que cubrían sus piernas, y luego clavó la vista en Lydia.

Su hermana mayor era una mujer muy hermosa en sus ya contados veintiún años. Los largos cabellos rubios, tocaban sus caderas y sus mejillas sonrosadas hacían juego con sus labios rojos.

Rose siempre supo que tendría que enfrentarse al día en el que su querida hermana se fijara en algún hombre; se casara y se fuera a vivir lejos de casa.

–¿Te casaras?

Lydia la observó un momento antes de que soltara un cansad suspiro,

–Él es un buen hombre –Le dijo.

–¿Pero lo amas?

Su hermana frunció el ceño en cuanto se dejo caer en la cama, con las piernas colgándole del borde.

–No estoy en posición de elegir un matrimonio por amor, Rose –Le aseguró, tomando su mano entre las de ella –Él es un barón muy rico y también es un hombre pasablemente guapo. Papá ha decidido que es un buen partido, así que yo hare todo lo posible por casarme con él.

Para ser una niña de diez años, Rose se había sentido orgullosa de su madurez temprana y en ese momento no evitó el compadecerse de su hermana mayor y de preguntarse si ella correría el mismo destino en cuanto debutara en Londres al cumplir los dieciocho.

–No es justo, que no te dejen siquiera elegir con quien casarte.

Lydia se encogió de hombros.

–Pero nos llevamos muy bien, Sir Thompson y yo cuando hablamos –Susurró –Además, esta ya es mi cuarta temporada en Londres y nuestros padres no pueden permitirse el derrochar dinero de esta manera cuando perfectamente puedo casarme.

Rose no lo veía de esa manera.

–Puede que un guapo duque o un marqués se enamore de ti a primera vista y no tengas que casarte con este tal Sir Thompson.

Su hermana había reído y luego la había despachado para ir a dormir.

Al día siguiente la habían levantado a una hora realmente temprana y las criadas emocionadas se encargaron de arreglarla con uno de sus mejores vestidos. La peinaron y la dejaron perfecta.

–¿Por qué tanto ajetreo?

Ambas criadas se miraron y luego soltaron un chillido.

–No podemos decírselo a usted, señorita.

–Pero ya que insiste.

Rose ya arqueaba ambas cejas en ese momento.

–¿Qué pasa?

–El pretendiente de miss Lydia, ha mandado una misiva para visitar la casa y conocer a la familia –Soltó por fin una de las criadas. Rose abrió los ojos sorprendida, y abriéndose paso entre las dos mujeres caminó hasta la habitación de su hermana mayor. La puerta estaba cerrada, así que respiró profundamente y levantó los nudillos para golpearla.

–¿Lydia? Soy yo.

Pasos se oyeron y enseguida su hermana abrió la puerta y dejo su cabeza a la vista. Sus enormes ojos se clavaron en ella.

–Rose –Se hizo a un lado y la dejo pasar.

–Escuche que Sir Thompson viene a verte –Dijo mientras se sentaba en la butaca frente a la cama y clavaba la vista en su hermana. Llevaba un precioso vestido de tarde de seda rosada y los rizos atados con horquillas en lo alto de la cabeza.

Lydia paseaba por la habitación en círculos.

–Estoy nerviosa –Admitió en un suspiro –Traerá a su hermano menor para que yo lo conozca. No entiendo porque no pudo haber pautado esta cita con mayor tiempo, tuvo que mandarme la misiva tan tarde.

Rose dejo caer el mentón entre sus manos.

–Tiene hermano menor –Eso fue una admisión, no una pregunta.

–Si –Respondió su hermana –Creo que es uno o dos años menor que yo, no estoy del todo segura.

Ella se levantó de la butaca y se dirigió a su hermana para abrazarla por la cintura.

–Todo irá bien. Lydia –Dijo –Eres encantadora, siempre caes bien a las personas y ese chico no será la excepción ya verás.

Su hermana le devolvió el abrazo suspirando contra su cabeza.

–Espero que tengas razón, Rossette.

0 comentarios:

Publicar un comentario